La ruta de Don Quijote Una invitación de Azorín

Marcial Muñoz Corona


[1] Azorín. La ruta de Don Quijote. Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2004 .  http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-ruta-de-don-quijote–0/html/
 
Mapa de la ruta del Quijote marcado por los protagonistas el mismo dio de la salida de Madrid hacia los pueblos

Hoy amanecí con el firme propósito de planear mis próximas vacaciones, ¿Cuál sería  la mejor opción  tomando en cuenta el presupuesto y el tiempo disponible? Tal vez la Rivera maya sea un buena opción o mejor aún a una isla en el Caribe, o quizá el Pacifico colombiano. No atino a  determinar el destino. Para poder decidir abro la página de Google y escribo algo en el buscador, pongo la letra “A” y sin darme cuenta  siguieron las letras “RGA”, doy enter  y de inmediato aparece una imagen que  me recuerda al Quijote. Es el interior de un habitación  vetusta, con paredes blancas y una pequeña ventana por donde entra apenas  unos rayos de luz, en el centro está una mesa y sobre ella una espada, como la que  me imaginaba que tendría  el Hidalgo Quijano.   Debajo de la fotografía está el nombre de Azorín y en seguida dice “La ruta de don  Quijote”

-Buenos días, doña Isabel- Se oye la voz de Azorín

-¿Se marcha usted, Azorín? Ella le contesta:

-Me marcho, doña Isabel.

Ella replica:-¿Dónde se va usted, Azorín?

-¿Se irá usted a los pueblos, Azorín?

-Sí, sí, doña Isabel[1]

-Yo voy con usted señor Azorín, si usted me lo permite, quiero conocer esos pueblos, quiero repasar esas huellas. “Los pueblos son las ciudades y las pequeñas villas de La Mancha y de las estepas castellanas que yo amo” añade Azorín

“-Yo creo, Azorín, que esos libros y esos papeles que usted escribe le están a usted matando. Muchas veces -añade sonriendo- he tenido la tentación de quemarlos todos durante alguno de sus viajes”- Sentencia doña Isabel

Lo mismo me decía mi padre, interrumpo, me decía: ya no leas tanto, hijo, yo tenía un amigo que se volvió loco por eso.

-Muy bien señor, lo invito a recorrer los pueblos de la Mancha- responde Azorín

Vamos, heme aquí en mis vacaciones en pleno Madrid, en la estación de trenes. El destino es ni nada menos que Argamasilla de Alba. He comprado mi billete y espero sentado el anuncio de mi viaje,


[1] Ibid. En lo sucesivo todas las citas corresponden  a la referencia.

Madrid Argamacilla

Se  da el aviso y subo al tren, busco mi lugar y me siento tranquilo,  ¡a disfrutar el viaje! Para gran sorpresa mi compañero de viaje es, ni más ni menos , que Azorín, con quien había platicado en Madrid.

-¿Va usted -le he preguntado yo- a Argamasilla de Alba?

-Sí -me ha contestado él-; yo voy a Cinco Casas. -Permítame usted: ¿cómo es posible ir a Argamasilla y a Cinco Casas? Argamasilla es Cinco Casas; pero todos le llamamos Cinco Casas…”

Un breve dialogo entre el señor Azorín y un nuevo acompañante me confunde sobre mi destino, en Google únicamente era  Argamasilla y no Cinco Casas.

“-¡Argamasilla, dos minutos!” “Una sacudida nerviosa nos conmueve. Hemos llegado al término de nuestro viaje”. “Estamos, en Argamasilla de Alba”

-“Don Quijote de la Mancha había de ser forzosamente de Argamasilla de Alba. Oídlo bien”- Sentencia Azorín. ¿Qué hay de particular entre este pueblo? Después de escuchar su historia me doy cuenta de así tenía que ser. Sucede que este poblado es también andante. El lugar de su fundación inicial no es en el que ahora estamos. Este lugar es el tercero que recorre este pueblo. Es decir, es Argamisila andante.

“¿Veis ya cómo se ha creado en pocos años, desde 1555 a 1575, la mentalidad de una nueva generación, entre la que estará don Alonso Quijano? ¿Veis cómo el pánico, la inquietud nerviosa, la exasperación, las angustias que han padecido las madres de estos nuevos hombres se ha comunicado a ellos y ha formado en la nueva ciudad un ambiente de hiperestesia sensitiva, de desasosiego, de anhelo perdurable por algo desconocido y lejano? ¿Acabáis de aprender cómo Argamasilla entero es un pueblo andante y cómo aquí había de nacer el mayor de los caballeros andantes?

 En esta localidad pasa poco o nada, es casi la misma  desde que se fundó, y prácticamente ni ha crecido en población.

Evolución demográfica Argamasilla de Alba entre 1900 y 2016

1900 1910 1920 1930 1940 1950 1968 1970 1981 1991
3505 4134 5122 6284 7064 7669 7529 6982 6845 6368
2001 2008 2014 2016 2017
6688 7387 7205 6972 6901

            En 1575, dice el señor Azorín este pueblo tenía 700 vecinos, en 1900, 3505; en trescientos años solo ha tenido 2800 habitantes más, y parece que es tradición de que no crezca, creo que continuará hasta el siglo XXI. “Todo está en profundo reposo”, murmura Azorín parea sus adentros.

¿No es este el medio en que florecen las voluntades solitarias, libres, llenas de ideal –como la de Alonso Quijano el Bueno-; pero ensimismadas, soñadoras, incapaces, en definitiva, de concertarse en los prosaicos, vulgares, pacientes pactos que la marcha de los pueblos exige?

Las calles vacías, las casas cierran sus ventanas como para avisar al visitante que el tiempo se detuvo, que no hay nada que hacer.  Don Quijote no pudo ser de otro pueblo. “Cervantes, al final de la primera parte de su libro, habla de los académicos de Argamasilla; don Cándido, don Luis, don Francisco, don Juan Alfonso y don Carlos pueden ser considerados como los actuales académicos de Argamasilla”.

            Me siento junto todos esto académicos para escuchar pacientemente todo lo que saben ello de nuestro personaje.  Uno de ellos, don Cándido, hace mención del lugar donde estuvo preso Cervantes, Azorín menciona que ha estado ahí, pero tiene dudas respecto al verdadero lugar de origen de don Quijote, una estruendosa voz interrumpe la charla:

-¡Jesús! ¡Jesús! -exclama don Cándido llevándose las manos al cabeza escandalizado-.

– Me resisto a secundar la idea de que Don Quijote vivió en este lugar manchego- Intervine Azorín

-No, no, ¡por Dios! ¡No, no, señor Azorín! ¡Llévese usted a Cervantes; lléveselo usted en buena hora; pero déjenos usted a Don Quijote!

             Yo secundo la idea de don Cándido; Cervantes ha de ser de cualquier lado, pero el Quijote sí es de Argamasilla. Lo que sí es verdad es que Cervantes estuvo preso aquí, en la casa de Medrano.

Don Cándido insiste sobre el origen del caballero de la triste figura “Pues yo digo que Don Quijote era de aquí; Don Quijote era el propio don Rodrigo de Pacheco, el que está retratado en nuestra iglesia…” Después de una larga intervención de los académicos para convencer al amigo Azorín de que Don Quijote era de este poblado, de que seguramente durante su estancia, Cervantes vio en el hidalgo Rodrigo al mismo Quijote.

Azorín y un servidor tuvimos la fortuna de conocer a lo más granado de Argamasilla. Dicen que son sus siluetas, ellas son. Juana María, la Xantipa quien nos ha dado posada es la típica mujer manchega; don Rafael “No he nombrado antes a don Rafael porque, en realidad, don Rafael vive en un mundo aparte” y Martín, el labriego.

La primera salida

 Miguel es el encargado de llevarnos a nuestro primer viaje para seguir las huellas  de don Quijote, el destino es Puerto Lápiche. Durante el viaje comentamos sobre el paisaje que adorna nuestro viaje, desde aquí se divisa los montes de Vallarta, un pequeño poblado antes de llegar al puerto. El camino es monótono, todo se ve igual. Poco más de tres horas llevamos de viaje y estamos punto de llegar a Puerto Lápiche. “son las dos de la tarde; ya hemos atravesado rápidamente el pueblecillo de Villarta; es un pueblo blanco, de un blanco intenso, de un blanco mate, con las puertas azules”.

Ya casi estamos en el famoso Puerto Lápiche. Este es el primer pueblo que pisó don Quijote. Aquí está la famosa venta que vemos en todas las películas y series sobre él. Es el lugar donde fue armado caballero.

                Hay  párrafos en el libro primero del Quijote que hacen referencia a este pueblo, uno es en el capítulo IV, ahí se lee “Y hablando de la pasada aventura siguieron camino de Puerto Lápice porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero…” Tornaron a su comenzado camino de Puerto Lápice…”

            Será que dicha venta efectivamente existe, o solo es una producción de la mente de Cervantes, pero don Antonio, nuestro guía, nos saca de la duda, la venta esta aquí y es ésta.

.

Don José Antonio sonríe un poco.

“-Esa es mi debilidad -me dice-; esa venta existe, es decir, existía; yo he preguntado a todos los más viejos del pueblo sobre ella; yo he recogido todos los datos que me ha sido posible… y -añade con una mirada con que parece pedirme excusas- y he escrito algunas cosillas sobre ella, que ya verá usted luego”.

-¿Quiere usted que vayamos?

-Vamos allá -contesto yo

 La venta es igualita a la de las películas, sobre todo en la que sale Cantinflas como Sancho y Fernando Fernán Gómez como Don Quijote y en la de El hombre de la Mancha con Peter O’Toole y  Sophia Loren. Por su parte Azorín examina el solar  y me comenta que “todavía se conserva, a trechos, el menudo empedrado del patio; un hoyo angosto indica lo que perdura del pozo; otro hoyo más amplio marca la entrada de la cueva o bodega”.

Camino de Ruidera

 El siguiente punto de nuestro viaje es  el pueblo de la Ruidera. Un bello lugar orlado por bellas lagunas que nutre un afluente del Guadiana.

Puerto Lápice- La ruidera

Azorín nos ilustra que en ese castillo “no encierra ningún recuerdo quijotesco; pero, ¡Cuántos días no debió de venir hasta él, traído por sus imaginaciones, el grande don Alonso Quijano!” Subimos para echar un vistazo, desde ahí se divisa toda la comarca. Puedo distinguir un punto entre olmos y chopos. Le pregunto al señor Azorín que es; él contesta emocionado ¡Es un batán! De pronto llega a la memoria la escena donde nuestros héroes, muertos de terror, confunden esas máquinas de textiles con feroces ánimas que arrastran cadenas y dan golpazo a los hierros.

            Seguimos nuestro viajes, ante nosotros se yerguen distinguidas las lagunas de la Ruidera.

La cueva de los montesinos

El trayecto hacia nuestro siguiente destino se torna monótono  solo se ve un sendero rodeado de pequeñas colinas, todas iguales.

Camino a la Ruidera

-Ya estamos –grita el guía de pronto.

-¿Dónde?- pregunté

-La cueva de los Montesinos.

Acercamiento de la Ruidera para ubicar la cueva de Montesinos

“-« ¡Oh, señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso!»-gritaba el incomparable caballero, de hinojos ante esta oquedad roja, en día memorable, en tanto que levantaba al cielo sus ojos soñadores.”

Nos bajamos del carruaje y caminaos un poco hasta encontrar la entrada  a la  famosa cueva.  ¿“Y otro día á las dos de la tarde llegaron á la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahigos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren”(Cervantes,136).

Azorín nos ilustra que en ese castillo “no encierra ningún recuerdo quijotesco; pero, ¡Cuántos días no debió de venir hasta él, traído por sus imaginaciones, el grande don Alonso Quijano!” Subimos para echar un vistazo, desde ahí se divisa toda la comarca. Puedo distinguir un punto entre olmos y chopos. Le pregunto al señor Azorín que es; él contesta emocionado ¡Es un batán! De pronto llega a la memoria la escena donde nuestros héroes, muertos de terror, confunden esas máquinas de textiles con feroces ánimas que arrastran cadenas y dan golpazo a los hierros.

            Seguimos nuestro viajes, ante nosotros se yerguen distinguidas las lagunas de la Ruidera.

La cueva de los montesinos

El trayecto hacia nuestro siguiente destino se torna monótono  solo se ve un sendero rodeado de pequeñas colinas, todas iguales.

Cueva de Mosntesinos

Camino a la Ruidera

-Ya estamos –grita el guía de pronto.

-¿Dónde?- pregunté

-La cueva de los Montesinos.

“-« ¡Oh, señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso!»-gritaba el incomparable caballero, de hinojos ante esta oquedad roja, en día memorable, en tanto que levantaba al cielo sus ojos soñadores.”

Nos bajamos del carruaje y caminaos un poco hasta encontrar la entrada  a la  famosa cueva.  ¿“Y otro día á las dos de la tarde llegaron á la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahigos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren”(Cervantes,136).

        -¿Quién es? -ha preguntado una voz desde el fondo de las tinieblas.

        -Somos el señor Azorín y yo -he dicho con voz recia.

                -Viajeros.

-¡Sacramento! ¡Tránsito! ¡María Jesús!- llama el de la voz

La voz misteriosa ha contestado: aquí podrán pasar la noche

El señor Azorín me indica que hay un el pasaje del Quijote  que reza «En esto -leía yo a la luz de la vela- descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo.

Ya es de día y es menester ir donde los molinos de viento. Ahora estamos ante la puerta de uno de ellos.

¿Cómo extrañar que la fantasía del buen manchego se exaltara ante estas máquinas inauditas, maravillosas? -Suspira Azorín. Así es señor, ahora me puedo imaginar el impacto que debió recibir don Quijote al ver por primera vez este tipo de máquinas. Nuestro guía nos ilustra al mencionar que para 1575, en la Mancha, éstas se implantaron por primera vez, de tal manera que era una novedad en ese entonces.

 En el interior de esta torres hay tres pisos, ahí  se mueve la enorme rueda de piedra que muele el grano.

Los molinitos de Criptana andan y andan. Así termina un día más en este seguir las huellas de don Quijote. Regresamos a nuestra posada  para descansar de un día muy agitado.

Los Sanchos de Criptana

-¡Señor Azorín! ¡Señor Azorín!

Despierto asustado  por el alboroto detrás de la puerta, la abro, y cual ha sido mi sorpresa que veo a varios hidalgos que ansiosos buscan a Azorín. Se han enterado que hemos seguido la ruta del don Quijote y desean aclararle algunas cuestiones sobre la persona de sancho Panza.

-Señor Azorín -dice este hidalgo-; nosotros somos los Sancho Panzas de Criptana.

¿Los Sanchos Panzas? Me pregunté. ¿Por qué se denominan así? Dejémoslos  hablar para  develar este misterio.

“En Criptana no hay Don Quijotes; Argamasilla se enorgullece con ser la patria del caballero de la Triste Figura; Criptana quiere representar y compendiar el espíritu práctico, bondadoso y agudo del sin par Sancho Panza”. Para demostrará que esto es cierto nos han llevado al Cristo de Villajos.

Don Bernardo, uno de los Sanchos Panzas,  nos invita  a compartir el pan, la sal y sobre todo el vino. La bota pasa de mano en mano, ante un sol radiante. Después de unos sorbos, don Bernardo se acerca al señor Azorín para contarle algo:

Gloria, gloria, cantad a Cervantes,

creador del Quijote inmortal…

Ermita del Cristo de Villajos

“Pero este don Bernardo, tan cariñoso, tan bueno, ¿será realmente un Sancho Panza, como él asegura a cada momento, o tendrá más bien algo del espíritu de Don Quijote?”.

En el Toboso

Ahora, avanzamos hacia el norte. Le pregunto al señor Azorín, cual será nuestra próxima parada. Sin voltearme a ver y con todo el orgullo del mundo, contesta. Al Toboso. ¡Al Toboso! -Exclamé emocionado. Estaré en la cuna de la bella Dulcinea.

-Cuanto tiempo falta para que estemos- le pregunté al señor Azorín

– tres horas. “Andáis una hora, hora y media; no veis ni un árbol, ni una charca, ni un rodal de verdura jugosa”.

Camino al Toboso

El calor aumenta en cada momento, me imagino los efectos en la mente de nuestro héroe al no ver nada más que tierra en todo el rededor, y a la mula de Sancho jadeando al tener que soportar tamaño ejemplar humano.

¿Ves esa pequeña diminuta torre y un mancha negruzca, allá en los confines del horizonte? – Preguntó Azorín.

-Si la veo

-Ese es el pueblo del Toboso

Ya estamos cerca del poblado. Ya se pueden divisar las primeras casas, pero lo que más se siente es un silencio profundo y largo, está presente en el aire,  es como un poblado fantasmal. Es como una “síntesis de toda la tristeza de La Mancha”

Entramos al pueblo, no se ve a nadie en las calles.  Me recuerda a esas películas de cataclismo zombi. Solo casas, cuyas fachadas parecen ser parte de una escenografía de la tristeza.  Como si después de ellas solo hubiera maderos sosteniéndolas

Plaza principal del Toboso

Hemos llegado a la plaza principal.

… es un anchuroso espacio solitario; a una banda destaca la iglesia, fuerte, inconmovible, sobre las ruinas del poblado; a su izquierda se ven los muros en pedazos de un caserón solariego; a la derecha aparecen una ermita grietada, caduca, y un largo tapial desportillado

Es momento de buscar la casa de Dulcinea. Se dice que la verdadera dulcinea vivió aquí y que su nombre era Aldonza Zarco de Morales. En El Toboso abundan los apellidos de Zarco. Ya hemos llegado, estamos frente a  la casa de la sin par princesa, se localiza en un extremo del poblado, ya muy cerca de los  campos de cultivo, tal vez sea un de las últimas casas en el Toboso tocando con el campo; aún perduran sus restos

Esta es la mansión de la más admirable de todas las princesas manchegas.

-«Sancho, hijo, guía al palacio de Dulcinea que quizás podrá ser que la hallemos despierta» -decía a su escudero don Alonso, entrando en El Toboso a medianoche.

Los miguelistas del Toboso

“En todas las partes del planeta el autor del Quijote es Miguel de Cervantes Saavedra; en El Toboso es sencillamente Miguel”. Es tan familiar nombrarlo así, como si fuera el compañero de todos, el amigo fiel de este poblado. Es también una forma cariños de referirse al escritor. No es una falta de respeto, es una manera de ser querido. “Todos se hacen la ilusión de que han conocido a la familia”.

En todos los pueblos que hemos recorrido fundan su existencia en un pedacito de la herencia de don quijote o de Cervantes.  Unos aseguran que su comarca es la cuna del hidalgo, otros que su pueblo es de Sanchos Panzas, unos más, ser la cuna de Cervantes; pero el Toboso no se contenta con ser la patria de Dulcinea,  es el lugar que vio nacer al propio abuelo de  Miguel de Cervantes.

“-Señor Azorín; que Miguel sea de Alcázar, está perfectamente; que Blas sea de Alcázar, también; yo tampoco lo tomo a mal; pero el abuelo, ¡el abuelo de Miguel!, no le quepa a usted duda, señor Azorín; el abuelo de Miguel era de aquí…”

Tanto el señor Azorín como su servidor estamos convencidos de que no hay evidencia de tal afirmación. Los estudiosos de la obra de Cervantes así lo atestiguan, sin embargo, hemos sentido que “en Argamasilla, en Alcázar, en El Toboso, en Criptana, se siente un odio terrible, formidable, contra los académicos”

 En todo el mundo hay una autoridad en torno al Quijote, siempre habrá en cualquier idioma alguien que sepa todo acerca de él o de su autor. Pero para la gente que vive con don Quijote, Sancho, Dulcinea aquí en la mancha, los académicos no se sabe que son exactamente, se le asocia con un mundo oculto inaccesible,  como si fueran los gurús de  una extraña secta maligna,  pues son los portadores de la verdad eterna.  Creo que a veces los académicos son eso y más. Nosotros pensamos que el verdadero juico sobre el hombre de la Mancha son de estos pobladores.

“-Aquí, en casa de don Cayetano, hay una porción de documentos de aquella época; yo los estoy examinando ahora, y yo puedo asegurarle a usted que no sólo el abuelo, sino también algunos tíos de Miguel, nacieron y vivieron en El Toboso.”

La voz de don Cayetano es la autorizada, así como la de don Bernardino, don Rodrigo o la de las siluetas.

Cuando nos hemos separado era media noche por filo; no ladraban los perros, no gruñían los cerdos, no rebuznaban los jumentos, no mayaban los gatos, como en la noche memorable en que Don Quijote y Sancho entraron en El Toboso; reinaba un silencio profundo; una luna suave, amorosa, bañaba las callejas, llenaba las grietas de los muros ruinosos, besaba el ciprés y el olivo silvestre que crecen en la plaza…

La exaltación española

Regresamos a  Argamasilla de Alba, entramos por una calle ancha fantasmal, donde el silencio tiene una extraña monotonía, el paisaje lleno de campiñas  yermas, donde vivir se vuelve doloroso. No sentamos en la única banca de la plaza de este pueblo. Azorín,  con la mirada perdida en los pensamientos  fugaces, se queda quieto por varios instantes, hasta  que su voz que empieza a volverse ronca,  amenaza al silencio.

-¿Habrá otro pueblo, aparte de este, más castizo, más manchego, más típico, donde más íntimamente se comprenda y se sienta la alucinación de estas campiñas rasas, el vivir doloroso y resignado de estos buenos labriegos, la monotonía y la desesperación de las horas que pasan y pasan lentas, eternas, en un ambiente de tristeza, de soledad y de inacción?- pregunta Azorín.

Yo le contesto que es un sitio justo para las leyendas, aquellas llenas de encantamientos, de gritos ahogados, de sucesos extraordinarios, tan solo aquí, cerca en Manzanares, se cuentan miles de historias llenas de acontecimientos inusuales

-Efectivamente- responde Azorín- aquí en Argamasilla, la patria de Don Quijote, donde la alucinación toma un carácter colectivo, épico, popular.

-Miras en cualquier dirección- añado- y no encuentras a nadie, como si todos escondido en sus casa urdieran todas esas historias, porque en la calle no sucede nada, no hay nadie, solo hay que esperar a que pase el tiempo. Es el lugar ideal para que surjan las historias, las apariciones, los incendios que no lo son, las puertas que se abren pero que nadie toca.

-¿No es esta la patria del gran ensoñador don Alonso Quijano? ¿No está en este pueblo compendiada la historia eterna de la tierra española? ¿No es esto la fantasía loca, irrazonada e impetuosa que rompe de pronto la inacción para caer otra vez estérilmente en el marasmo?- reflexiona  Azorín- Y esta es -y con esto termino- la exaltación loca y baldía que Cervantes condenó en el Quijote

 Bibliografía

Azorín. La ruta de Don Quijote. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2004 .  http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-ruta-de-don-quijote–0/html/

Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Segunda parte. Barcelona. Imprenta de Tomás Gorchs. 1859

Las imágenes se tomaron de Google Maps