Beatriz Portinari. HENRY HOLIDAY,

BEATRIZ

Del latín Beatrix, la bella,  es la forma femenina de beautus, que significa colmado de bienes, rico;  luego por extensión se traduce como “ser feliz”.   Así Beatriz significaría la que es feliz. Durante la Edad Media se reinterpretó la idea de felicidad. Ahora ser feliz ya no es estar colmado de bienes, sino estar cerca de Dios; ser feliz es dedicarse enteramente a Dios. De esta manera la palabra beatus -beato y Beatriz- pasó a significar bienaventurada, la que está cerca de Dios.

Afortunadamente la significación de beato y Beatriz  tuvieron rumbos diferentes y tal vez se lo debamos a Dante. Ahí Beatriz es feliz por estar en el cielo, sin embargo Dante la hace terrenal al convertirla en ideal del amor humano. Es una Beatriz real, objeto del amor. Dante popularizó este nombre pues Beatriz Portinari se llamaba la dama florentina musa de su obra “La Divina Comedia”

Beatriz de Dante, es una de las mujeres más amadas de la literatura. Dante Alighieri y ella se conocieron desde pequeños, ella tenía 8 años y él 9, era el año 1272. Cuenta la leyenda que tan solo se vieron un par de ocasiones, suficientes para quedar preñado de su hermosura y su vestido rojo

En uno de su poemas  le dice así en el Canto XXIII de “La vida nueva”

“Tan honesta parece y tan hermosa

mi casta Beatriz cuando saluda,

que la lengua temblando queda muda

y la vista mirarla apenas osa.”

Ella se va benigna y humillosa

y oyéndose loar, rostro no muda

y quien la mira enajenado duda

si es visión o mujer maravillosa.

Muéstrase tan amable a quien la mira

que al alma infunde una dulzura nueva

que solo aquél que la sintió la sabe.

“Sobre el cándido velo, orla de oliva

Dama me apareció, tras verde manto,

Vestida de color de llama viva”

Shakespeare También  ha creado a su Beatriz, en la hermosa comedia “Mucho ruido, pocas nueces”  Aquí Beatriz ya no es la joven musa, por el contario es una mujer de mayor edad que ha permanecido soltera debido a su sentido de independencia y sobre todo de ironía. El autor la enfrenta a Benedicto otro, solterón orgulloso de esa condición. Empero sabe y siente una atracción especial por Beatriz, y para  sus adentros se dice:

“Dicen que la dama es bella. Nada más cierto; puedo atestiguarlo. Y virtuosa; efectivamente, no lo he de negar. Y discreta; menos en amarme. Por mi fe, que eso no agrega nada a su talento, empero tampoco es una prueba grande de su insensatez, por cuanto yo aspiro a amarla desesperadamente. Quizá sea objeto de pesadas pullas y sarcasmos por haber despotricado tanto tiempo contra el matrimonio. Pero ¿no se altera el apetito… No; el mundo debe poblarse. Cuando dije que deseaba morir soltero no pensé vivir hasta el día de mi matrimonio. Aquí llega Beatriz. ¡Por la luz bendita que es una hermosa dama! Percibo ciertos síntomas de amor en ella”

Mientras que por su lado Beatriz hace lo propio:

“Y tú, Benedicto, sigue amando. Yo te corresponderé, domando mi corazón salvaje al amor de tu mano. Si me amas, mi ternura te incitará a unir nuestros amores en un santo lazo, pues los demás reconocen que lo mereces, y yo lo creo mejor por mí que por referencias.”

Una Beatriz  más, ahora en la literatura española,  se trata  de Doña Beatriz de Ossorio. Protagonista de El Señor de Bembibre de Enrique Gil y Carrasco. (1ª Edición en 1844, Madrid. Ed. Biblioteca Popular. Novela histórica romántica).

A quien describe así:

“[…] Era ella de estatura aventajada, de proporciones esbeltas y regulares, blanca de  color, con ojos y cabellos negros y un perfil griego de extraordinaria pureza. La   expresión habitual de su fisonomía manifestaba una dulzura angélica, pero en  su boca y en su frente cualquier observador mediano hubiera podido   descubrir indicios de un carácter apasionado y enérgico. Aunque sentada se conocía que en su andar  y movimientos debían reinar a la vez el garbo, la magestad  y el decoro, y el rico vestido bordado de flores con colores muy vivos que la cubría, realzaba su presencia llena de naturales atractivos […] 4b

Tímida virgen divina,

y cándida y confiada […]

Partido el negro cabello

sobre la frente morena

y en ondas batiendo el cuello […] 10

Borges resucita a la Beatriz musa, en versión moderna en uno de sus más entrañables personajes en esta ocasión en Aleph..

“Desde este ángulo, “Borges” es Dante, Beatriz Viterbo es Beatrice Portinari (tan desdeñosa del poeta florentino como la argentina lo es del autor) y Carlos Argentino Daneri es a la vez Dante y Virgilio” (Rodríguez Monegal, 1993: 372).

“Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada: había en su andar (si el oxímoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis; Carlos Argentino es rosado, considerable, canoso, de rasgos finos (-) Tiene (como Beatriz) grandes y afiladas manos hermosas (Borges, 1989: 618).”

“No podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije:

—Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges.” (Borges, 1989: 623).

Parece entonces que Beatriz nació para ser feliz, para ser amada en todas las formas, es la bienaventurada, es la que inspira amor, es la bella, la que es feliz

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